Palermo: La difícil situación de vivir sin gas natural

Alexis Panozzo descubrió que le habían cortado el gas del mismo modo en que lo descubre mucha gente, cuando quiso encender las hornallas y quedó en el intento. Desde entonces vive dentro de una pesadilla habitual para cientos de porteños: lleva más de cinco meses sin servicio y no sabe por cuánto más se extenderá la falta de suministro. “Mi encargado me dijo que esto iba para largo… Y tenía razón”, se queja. Este vecino del barrio de Palermo debió comprar un horno eléctrico y una ducha eléctrica que calienta el agua en el momento, que es su gran temor cada vez que se baña: “Ahora tardo más tiempo en cocinar y menos en bañarme”, dice con una risa de resignación.

No hay cifras que especifiquen cuántos hogares no tienen hoy gas en Buenos Aires y en los 11 municipios bonaerenses abastecidos por Metrogas. Voceros de la empresa señalaron que solamente el 0,02% de sus 2,5 millones de clientes resulta afectado: es decir, 500 hogares. Pero la estadística es de 2016 y no la actualizan porque, argumentaron, no poseen “la tecnología para hacerlo”.

“Metrogas vino porque un vecino los llamó después de sentir olor a gas. La empresa descubrió la pérdida y nos cortaron el servicio”, cuenta Panozzo, de 30 años. Efectivamente, las denuncias anónimas suelen desencadenar los cortes. El encargado del edificio de 16 departamentos donde vive el joven fue el único testigo de la presencia de los inspectores de Metrogas. Fue una visita breve: cortaron y se fueron, sin más. “Tenemos la facultad de suspender la distribución sin previo aviso porque responde a un criterio de seguridad”, explicaron desde la distribuidora

Metrogas deja a los clientes una serie de pasos por seguir para recomponer el suministro. No son pedidos caprichosos, sino que son demandas avaladas por la regulación vigente. Los requerimientos son diversos: puede ser colocar una ventilación para que rote el aire en la cocina, cambiar caños viejos, o medir la distancia entre la llave de gas y las hornallas. “El hogar tiene que ser 100% seguro”, defendió la compañía.

“Lo que hace Metrogas es abusivo. Cada vez que aprueba nuevas medidas sobre la instalación pretende que la ciudad se adecue e invade la competencia del gobierno porteño. Deberían hacer saber a todos los propietarios cuáles son las nuevas normas de seguridad de instalación y, más allá de la existencia o no de fuga, que estos puedan decidir. Es como impedir que un vehículo circule porque no tiene airbag”, consideró Sergio Abrevaya, diputado porteño por GEN, quien presentó un proyecto de ley que busca quitarle competencias a la distribuidora. Por el momento, está en la Comisión de Planeamiento Urbano de la Legislatura.

Un edificio sin gas provoca una suerte de laberinto en el que los vecinos quedan atrapados. Las reformas edilicias suelen ser costosas. Para cubrir los gastos, los consorcios cobran expensas extraordinarias. Entre los residentes no acuerdan rápido al momento de elegir al gasista: piden presupuestos, analizan y solo después contratan al matriculado.

La demora puede empezar en el palier. Eso ocurrió en el PH situado en Floresta donde vive Virginia Vera Alonso, de 50 años. Como hubo una pérdida en el caño que conectaba a todos los departamentos, la compañía cortó el suministro. Cada una de las 30 viviendas debía desembolsar $8000 para afrontar la obra. Algunos no alcanzaban a juntar la plata, otros peleaban por los presupuestos presentados por los gasistas: “Y así estamos, sin gas hace seis meses. Al final compramos una garrafa”, se lamenta.

La solución más fácil
Para los propietarios más pudientes o para los inquilinos, la salida más fácil es la mudanza. Vera Alonso está pensando en vender su casa. En el edificio de Alexis Panozzo cuatro departamentos -el 25% del total- quedaron deshabitados tras el corte del gas. Él también se va a ir en febrero, una vez que culmine su contrato.

María José Del Bó, de 34 años, eligió el mismo camino. Alquilaba un dos ambientes en Montserrat al que debió transformar en un hogar electrointensivo para combatir el corte. Durante un año, invirtió en aparatos para enchufar a 220 voltios: compró un horno eléctrico, un termotanque pequeño, una pava eléctrica. El propietario no le reconoció los gastos. Es habitual: en algunas ocasiones, los dueños no devuelven el dinero invertido en artefactos vitales para paliar la falta de gas o directamente no se hacen cargo de la situación. María José se hartó de pelear con el propietario, como también se hartó del frío del invierno porque no le quisieron comprar una estufa eléctrica. Ahora vive en Congreso. “Desde entonces, mi vida mejoró un ciento por ciento. Mudarme me cambió todo”, dice.

Metrogas pone el foco de la demora en los gasistas matriculados: “Se atrasan en entregar los pedidos de inspección. Una vez que lo hacen, nosotros tenemos hasta 10 días hábiles para hacer los chequeos correspondientes y, si todo está en condiciones, reponer el servicio. Ese periodo está regulado”, argumentaron voceros de la distribuidora.

En el intervalo la empresa se corre del escenario y los gasistas toman el control. Son los responsables de trabajar los arreglos y de contactar a la compañía para que hagan los controles. Desde la Cámara Argentina de las Instalaciones para Fluidos (CAIF), que entre otros nuclea a los gasistas matriculados, denunciaron que “muchas veces los usuarios contratan a gasistas no matriculados cuyos arreglos están en contravención con la reglamentación vigente, lo que provoca serias irregularidades. En otras oportunidades, el consorcio demora en tomar la decisión final de a quién encomendarle el trabajo”. Agregaron, por otro lado, que “el interés de los gasistas reside en que el trabajo se complete, y eso únicamente ocurre cuando Metrogas repone el servicio”.

 

Fuentes Consultadas: La Nación / Metrogas

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