En la Ciudad: Ya es efectiva la reparación económica a hijos de madres asesinadas,

La asociación civil La Casa del Encuentro pide la reparación económica para  niños y niñas hijos de madres fallecidas por asesinato. El Diario Clarín publicó una nota al respecto en el que hace un relevo sobre las cifras y arroja un dato que, al menos, es llamativo: Hasta el momento solo hubo cuatros solicitudes presentadas de personas que aspiran a cobrar dicha asignación.

En los últimos diez años, 3.378 hijos e hijas se quedaron sin madre porque fueron asesinadas. Son las víctimas colaterales de los femicidios que no bajan en Argentina: uno cada 29 horas.

La mayoría de estas mujeres fue asesinada por sus parejas o ex parejas con los que han tenido hijos. Así, de un día para el otro, estos chicos se quedan huérfanos: sus madres han muerto y sus padres están presos, prófugos o se han suicidado.

La asociación civil La Casa del Encuentro pide la reparación económica para estos niños y niñas desde hace mucho. El año pasado, el Senado le dio media sanción a un proyecto que Diputados aún ni trató. Mientras tanto, distintas jurisdicciones están sacando sus propias leyes. En agosto, por ejemplo, la Legislatura porteña aprobó el proyecto, que había sido consensuado con la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y lo transformó en Ley, la número 5.861.

En enero, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad había anunciado que estaba activo el sistema para cobrar esta reparación, equivalente a una jubilación mínima, que es de 7.246,64 pesos. Pueden cobrarlo las niñas, niños, adolescentes o jóvenes cuyo padre haya sido procesado o condenado como autor, coautor, instigador o cómplice del delito de femicidio contra su madre. La reparación es hasta que cumplan 21 años, y en el caso de tener alguna discapacidad, es de por vida. Este mes en la Ciudad se empezó a pagar: hasta el momento hubo cuatro solicitudes, aunque 70 hijos e hijas podrían acceder a este derecho. La baja cantidad de solicitudes se explica en parte porque el sistema recién entra en funcionamiento, pero también por la falta de conocimiento de que existe este beneficio.

“Está muy bien que ya se pague en la ciudad de Buenos Aires, pero tiene que ser una ley nacional para que la reparación llegue a todo el país. Mientras tanto se va debatiendo en algunas jurisdicciones -explica a Clarín Ada Rico, al frente de la Casa del Encuentro-. Pensamos que después de la aprobación del Senado iba a pasar lo mismo en Diputados, pero todavía no hubo consenso ni para llegar al recinto”.

Alejandra Martínez (diputada UCR) es la presidenta de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, una de las comisiones que debe tratar el proyecto de reparación. “Es un proyecto que quiero que salga y que salga rápido”, asegura a Clarín. Pero también explica que tal como está redactado, no va a salir: “El proyecto habla de violencia intrafamiliar en general y no fija límites con la retroactividad. Es muy amplio y ambiguo y así no podría cumplirse. El fin es reparar a las víctimas menores de edad por el femicidio de sus madres, para que no queden desprotegidos y que el Estado garantice sus necesidades básicas”.

Hasta que Diputados no lo trate, no será ley nacional. La mayoría de estos niños y niñas que se quedaron sin padres están al cuidado de familiares que ya tenían otros niños. Se llama “reparación” porque el Estado es responsable de garantizarle la salud, la educación, la alimentación, y una vida digna.

En la Ciudad, quienes buscan información sobre el sistema vigente, pueden hacerlo por Internet (http://www.buenosaires.gob.ar/desarrollohumanoyhabitat/mujer/brisa), por mail (infobrisa@buenosaires.gob.ar), teléfono (4342-2012, internos 110 y 111), o personalmente en Balcarce 362, 4° pisos; de lunes a viernes de 9.30 a 16.30.

El 9 de febrero de 2013, Andrea Soledad Melo fue asesinada por Maximiliano Gastón Giujuza, su pareja y el padre de sus dos hijos. La mató con un cuchillo de mango que le provocó hemorragias internas y externas que terminaron con su vida, ahí mismo, en el departamento que compartían en Villa Luro. En el juicio, Giujuza dijo que actuó en defensa propia, pero le dieron cadena perpetua. La sentencia fue criticada porque no se usó la figura del femicidio.

Hacía seis años que convivían. Aquel día, Giujuza le pidió a Rosana, su suegra, que pasara a buscar a los dos hijos (tenían 2 y 5 años). Entonces aprovechó, la encerró y la mató de 43 puñaladas. Giujusa quiso escapar, pero fue detenido con el cuchillo en la mano.

La abuela, Rosana Caamaño, se quedó con los niños, hoy de 5 y 8 años. Les da de comer, los lleva a la escuela, a los cumpleaños, los cuida de los resfríos porque tienen sus defensas bajas y cualquier cosa los hace enfermar.

Los chicos viven con sus abuelos en Parque Avellaneda, donde comparten casa con tíos y primos. Están muy acompañados, muy contenidos, pero igual lloran, extrañan a su mamá. Saben que quien la mató fue su papá. Se quieren cambiar el apellido, sacarse el de ese hombre asesino que los dejó sin madre. Rosana pelea, también por eso.

 

 

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