Palermo: La “Fábrica de Juguetes” sigue su labor solidaria

fabrica-de-juguetesTémperas para colorear un rompecabezas. Aguja e hilo para confeccionar un muñeco. Tijera para recortar un disfraz. Y música, risas, dedos enchastrados y mucha ilusión que sobrevuela el lugar, ahí donde “se cree en la magia”, según reza un cartel. En Carranza 1962 (corazón del barrio de Palermo), la sede de la Fundación Sí, la realidad supera a lo mágico. Familias enteras colaboran en la ya famosa Fábrica de Jueguetes, que espera igualar la cifra de 2015: más de diez mil creaciones de estos voluntarios que, por pura pasión por el prójimo, se acercan a colaborar. “La idea se nos ocurrió hace tres años, con la intención de involucrar a los niños en nuestras acciones. No imaginábamos que iba a tener semejante repercusión”, se entusiasma Manuel Lozano (32, abogado, oriundo de Chascomús), líder de la fundación y gran campeón de la solidaridad.

–El éxito de la fábrica fue inmediato.
–Tremendo. Y a diferencia de 2013, ahora cada taller tiene a su voluntario que recibe a la gente, le explica, la apoya… Lo lindo es que muchos que vienen a la fábrica o participan de las recorridas navideñas, después continúan durante el año. Ese es el desafío: que siga el compromiso.

–Porque la gente debe saber que, más allá de la Fábrica, ustedes llevan adelante otros proyectos.
–Claro. Salimos todas las noches, los 365 días del año, a acompañar a los que duermen en la calle. Llevamos algo caliente o fresco, dependiendo del clima. Y mientras preparamos la sopa, nos ponemos a charlar. Y ahí vamos conociendo la historia de cada uno. A partir de eso, con un equipo que incluye psicólogos, especialistas en inclusión laboral, en adicciones, médicos, buscamos la forma de ayudarlos… Lo lindo es que mucha gente que estaba viviendo en la calle ahora es voluntaria acá.

–Tu nuevo sueño son las residencias estudiantiles…
–Sí. Son casas grandes para estudiantes universitarios, chicos que viven en lugares remotos y que, al irse a las capitales, no cuentan con recursos para alquilar un departamento o mantenerse. Ya construimos una en Santiago del Estero, hay otra en La Rioja, y en enero abrimos en Córdoba y Catamarca. La idea es tener, por lo menos, una residencia por provincia. Los chicos, todos de bajos recursos, tienen cubierta la comida, los apuntes, las clases de apoyo, todo lo necesario para llevar adelante la carrera. Así que el que tenga alguna casa vacía en algún lado y nos la quiera prestar, bienvenido… Porque hay muchos jóvenes en el medio de la nada con ganas de estudiar. En la Argentina, en las zonas favorables llega a recibirse 1 de cada 10. Y en las zonas más alejadas, 1 de cada 100. Estaría bueno darles más oportunidades a todos.

–Volvemos a la Fábrica de Juguetes. ¿Cómo se trabaja en la fundación para que todo salga a tiempo?
–Lo que se produce viaja a distintos rincones del país, desde Jujuy hasta la Patagonia. Y lo reciben pibes de centros comunitarios, de comedores, de escuelas rurales… Los tenemos ubicados en un mapa, y vamos tachando. El primer camión que sale va hasta Jujuy. También quiero rescatar la mano que nos dan Falabella y Sodimac.

–¿Qué impulsa a la gente a venir a confeccionar los juguetes? ¿Qué te dice?
–Creo que, además del hecho solidario en sí, aprovecha la posibilidad de hacer algo lindo en familia. Y los chicos entienden muy rápido de qué se trata. No es que se llevan lo que fabrican, queda acá. Y los papás les van explicando adónde van esos juguetes. Está buenísimo escuchar que los nenes dicen: “Bueno, tenemos que volver, porque hay más chicos que necesitan…”. Se crea esa conciencia. Es mágico.

–¿De qué lecturas o estudios te nutrís para seguir aprendiendo?
–En estos años, leo pura y exclusivamente sobre educación. Qué hicieron en otros lugares del mundo, cómo funcionó… Y lo importante es estar atentos a la realidad. Para mí eso es fundamental.

–¿Y dónde está la realidad?
–Mirá, nosotros no estamos detrás de un escritorio: todos los días salimos a la calle, conocemos las problemáticas, viajamos a las escuelas rurales… Y eso te lleva a decir: listo, vamos por acá, por este lado no, y así.

–¿Y a veces fallan en el diagnóstico?
–Sí, todo el tiempo, claro. Pero buscamos especialistas, psicopedagogos, médicos, etc. Cada uno nos ayuda. La característica principal de la Fundación es que somos todos voluntarios, nadie recibe un peso. Pero eso no tiene que disminuir la calidad del trabajo, debemos ser tan profesionales como si cobráramos un sueldazo todos los meses. De eso estoy totalmente convencido. De cada persona que conocemos en la calle tenemos un registro de lo que le pasó, lo que nos contó, cuándo y cómo intervino cada área de trabajo… Intentamos ser súper profesionales porque trabajamos con gente. Detrás de cada persona hay una historia de dolor y abandono… Nos obliga a ser muy responsables.

–¿Hay momentos en los que te agotás?
–No, no. Amo esto. De hecho, no necesito tomarme vacaciones. De verdad, eh… Mi sensación es que vivo de vacaciones. Tengo mi trabajo aparte –en Megatlón– y me encanta estar acá.

–Digo, porque seguramente muchas veces te encontrás con historias y realidades duras.
–Sí, claro. Dificilísimas en muchos casos.

–¿Cómo lo manejás?
–Y… nos apoyamos entre nosotros. Hay momentos en los que estamos bajón, otros mejor. Tenemos como un mecanismo de supervivencia: nos aferramos a las cosas que nos van saliendo bien, para tolerar las que salen mal…

–Claro que también viven grandes satisfacciones, como darle un juguete a un pibe.
–Es que la fábrica, internamente en la Fundación, es como el momento colorido del año. Lleno de chicos, buena onda, música… Hay como una renovación de energía que al equipo le sirve mucho. Cuando el papá le explica al nene para quién va ese juguete que está armando, es maravilloso… Si uno va plantando esa semilla en los más chicos, eso queda. Si a los 7 años lo trajeron acá, quizás de más grande viene a la Fundación por su cuenta, a participar de las recorridas nocturnas. Se puede educar en solidaridad.

–¿Qué vas a estar haciendo el 24 a la noche?
–La recorrida nocturna, como siempre. Ya tenemos el mapa armando de dónde duerme cada persona, así que vamos a cocinar empanadas y pan dulce y a esperar la Navidad en la calle. ¿No te querés venir?

palabrasclave: