Palermo: Lugares de mi barrio para conocer y disfrutar.

HipódromoEl Hipódromo Argentino de Palermo es tan majestuoso, tan palaciego que te hace sentir en un derby en el hipódromo de Royal Ascot. Pero, tranqui, no hay que llevar sombreros de ala ancha ni levitas, ¡estamos en Buenos Aires, che!

Los inicios de nuestro hipódromo no son demasiado glamorosos. Había un camino conocido como Camino de las Cañitas que hoy es la Avenida General Luis María Campos y la Avenida Virrey Vértiz. Entre el rio y este camino había un pantanal, un cañaveral. Es más, a veces las aguas del Río de la Plata se desbordaban y llegaban hasta Luis María Campos. En este cañaveral, se corrían las carreras cuadreras y de sortijas. Era el Potrero de las Cañitas.

En aquellas justas, no se usaban las gateras, los caballos se montaban en pelo y ni pienses que los fletes fueran pura sangre como los que vemos ahora. Las apuestas y disputas eran ley y, más de una vez, se saldaban a faconazos limpios. Este potrero era el quebradero de cabeza de la policía de la provincia.

Toda esta situación de las tierras que habían sido de Rosas era una venganza bestial: se construyó el Zoológico de la Ciudad en sus jardines, se inauguró un parque público bautizado 3 de Febrero en homenaje al día de la victoria de Urquiza sobre Rosas en la batalla de Caseros, y en los plácidos alfalfares de Rosas, este potrero sinvergüenza.

Se decidió convertir el lugar en un hipódromo decente. El 7 de mayo de 1876 se inauguraba el Hipódromo Argentino de Palermo y los tranvías no dieron abasto y tampoco los trenes, pese a los refuerzos de 50 vagones extra que el ferrocarril puso a disposición, muchos se quedaron sin ver esas siete carreras, pero por lo menos casi 10.000 personas pudieron ver ganar a Resbaloso esa gran primera carrera en la historia del Hipódromo.

En la construcción original había una tribuna para 1600 personas y 40 palcos para familias. Había un servicio de restorán atendido por el Hotel de la Paix y amplios jardines de esparcimiento.

En 1885 se corrió la primera versión del clásico Gran Premio Nacional (Derby Argentino) en presencia del Presidente de la República el General Julio Argentino Roca. Los caballos debían cubrir una distancia de 2.500 metros de pista. En aquella primera carrera resultó vencedor el caballo Souvenir, bajo la monta de un jinete uruguayo de tan sólo 11 años.

Ya en 1908, el arquitecto francés Louis Faure Dujarric encara unas reformas que amplían la capacidad de las tribunas a 2000 personas dándole el estilo neoclásico que mantienen hasta el día de hoy. Dale, el Hipódromo Argentino de Palermo es un paseo que vale la pena hacer, ¡Conocelo! ¡No te lo pierdas!