La bailarina Eleonora Cassano se despide de la danza clásica

Cassano, de 47 años, reflexionó que, desde sus comienzos, la danza clásica “ha progresado”, aunque cuestionó que, como ocurría entonces, “para ser reconocido en el país, primero hay que triunfar en el exterior”.

La bailarina porteña, que durante años fue la partenaire estable de Julio Bocca, estrenará “La Bayadera” el viernes 29 a las 20.30 en el Teatro Argentino de La Plata, con música de Ludwing Minkus y coreografía de Luis Ortigoza sobre la base del original de Marius Petipa.

Habrá nuevas funciones el sábado 30 (20.30) y el domingo 1 de julio (18.00).

En “La Bayadera”, Cassano interpretará a “Nikiya” que, según la bailarina, es “desde lo puramente técnico, uno de los personajes más exigentes del universo de lo clásico”.

“Siempre me gustó bailar `La Bayadera` y ya pasaron más de 20 años desde que lo hice por última vez en el Teatro Colón. Me gusta porque permite mucho vuelo a la interpretación”, dijo Eleonora en diálogo con Télam.

“También podía haber hecho en esta despedida, por ejemplo, `El lago de los cisnes`(Piotr Tchaikovsky), muy exigente, pero mi espalda no está de la mejor manera y creo que el personaje de `Nikiya` es más rico”, explicó.

Cassano, quien ha bailado con grandes figuras de la danza como la italiana Carla Fracci y los rusos Ludmila Semeniaka, Ekaterina Maximova y Vladimir Vassilev, explicó que su alejamiento del baile clásico no significa, necesariamente, su despedida de los escenarios.

“Si aparece un proyecto atractivo que no pertenezca al universo de lo clásico, con menos requerimientos técnicos, no lo descarto”, reveló.

-¿Cómo continuará su vinculación con la danza después de alejarse de lo clásico?

-Quiero enseñar y devolver lo que he aprendido y, por supuesto, me encantaría poder formar mi propia compañía.

En mi cabeza, en algún lugar, manejo la posibilidad de no alejarme en forma definitiva, pero sí sé que si vuelvo a bailar será en espectáculos distintos que no requieran el despliegue al que obliga la danza clásica.

-¿En qué ha cambiado la danza clásica argentina desde sus inicios, 30 años atrás?

-Ha progresado. El hecho de poder ver y estudiar hoy a todos los bailarines del mundo desde tu computadora es un cambio determinante. Antes nos desesperábamos por ir a ver a las compañías extranjeras que llegaban al Colón y eso hoy está al alcance de todos. Eso lleva también a que la exigencia actual sea mayor.

-¿Es necesario aún que un bailarín complete su formación en el exterior?

-Lamentablemente, si no lo hace o si no triunfa en el nivel internacional, acá no se lo va a reconocer. No sólo pasa eso en el ambiente de la danza sino en cualquier ambiente. Es una mirada que tenemos los argentinos. Pero en el país hay muchísimo talento.

-¿Qué otros déficits tiene la formación de un bailarín en el país?

-El problema es siempre el mismo. Tendrían que programarse más funciones. En la Argentina se realizan obras importantísimas, ballets completos de primer nivel y sólo se hacen cuatro o cinco funciones. Y eso es muy poco. Siempre se arman dos o tres repartos y, con esa cantidad de funciones, una compañía no puede mostrar a todos sus bailarines. Es el mayor problema.

-¿Qué cuentas pendientes le quedaron con el ballet clásico?

-Siempre dije que no me quería despedir sin bailar “Manon” (con música de Jules Massenet) en forma completa y no lo pude hacer, aunque sí bailé el `pas de deux`. Me faltaron un montón de cosas, pero estoy muy satisfecha con lo que hice.

También está la posibilidad de hacer en diciembre un cierre con un espectáculo al aire libre, que seguramente se va a asociar a lo que en su momento hizo Julio Bocca, pero yo quiero darle un toque propio que me identifique.

Fuente: Télam.